Carrera de fondo y culturismo

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Carrera de fondo y culturismo

La carrera de fondo tiene importantes efectos físicos en el organismo: una disminución de la frecuencia cardíaca por aumento de la masa y el volumen del corazón, un consumo de oxígeno menos exigente por aumento de la capacidad vital, del caudal ventilatorio y por la reducción del coste energético del funcionamiento de los músculos respiratorios, una mejora de la vascularización capilar y un ligero aumento del volumen sanguíneo total en reposo.

Todo ello incrementa la resistencia corporal durante la ejecución de los ejercicios culturistas y acelera la recuperación muscular entre serie y serie.

Por otra parte, el ejercicio aeróbico es ideal para la eliminación de las grasas corporales, lo que tiene como efecto una mayor definición muscular.

Un exceso de trabajo aeróbico, sin embargo, puede conducir a gastos excesivos de estructuras y nutrientes musculares que limiten el progreso en el entrenamiento de la fuerza. El equilibrio entre uno y otro aspecto del deporte integral le corresponde hallarlo a cada atleta.

A diferencia del entrenamiento con pesas, en el que la interacción mente-cuerpo en el lapso del desarrollo del esfuerzo es muy rápido, en la carrera este proceso es duradero y continuo, y permite un estudio a fondo del diálogo entre el impulso de progreso y la inercia física o resistencia al cambio. La adquisición de resistencia física propone al impulso de progreso un desafío de duración, no de intensidad; la voluntad tiene que hacerse extensa en el tiempo y en el espacio para sobreponerse al reto del esfuerzo sostenido.

Internamente, la carrera no se plantea como el problema de una distancia que recorrer y un punto espacial al que llegar, sino de un estado que dominar. Tal estado es la cualidad vibratoria del cansancio creciente, que no es sino una emergencia progresiva de la inercia física y que empieza a imponerse a través del espacio mental con sus sugerencias limitadoras características, filtradas a través de la subjetividad y la personalidad del deportista.

Dominar ese estado es objetivarlo, es decir, llegar a experimentarlo como una realidad externa a la del sujeto actuante. Esta objetivación, que supone unificar todas las sensaciones corporales aisladas que lo transmiten en una misma cualidad de ser, es necesaria para efectuar la desidentificación del sujeto respecto del estado que lo tiraniza y frena, y que no es sino una manifestación más de la resistencia del cuerpo a perder sus límites.

Por ello, para el corredor integral la meta no está necesariamente en el extremo de su recorrido, sino en cualquiera de sus puntos: corre no contra el espacio, sino hacia una realidad interior, un estado de autoposesión, invulnerable a las sugerencias del cansancio y fuente de una sobreabundante energía.

Una síntesis entre la más perfecta quietud interior y la más incansable dinámica externa, una fusión de ambos extremos del recorrido -el punto de partida y el de meta- en un centro inespacial interiorizado que a la vez anula y sublima el movimiento: tal es el sentido y el fin de la Carrera Integral.

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