Los culturistas somos distintos del resto de la población.

Eso es un hecho, y aunque los que no pertenecen a nuestra comunidad suelen usar esa afirmación con un cierto tono despectivo hacia los individuos musculosos, lo cierto es que tienen razón. Los culturistas son gente hecha de otra pasta.

Pero aunque no somos ‘santos’ y seguro que como colectivo tenemos mucho que mejorar, también podemos aportar mucho al gran público si éste abre los ojos y es capaz de ver más allá de los músculos, sí, esos músculos que en el fondo tanto gustan, aunque no se quiera reconocer.

Constancia y disciplina

En una época en que uno de los mayores problemas de las sociedades económicamente avanzadas es el enorme índice de obesidad entre la población (que afecta ya incluso a los más jóvenes), con todo lo que eso conlleva de riesgos de enfermedades y costes sanitarios (y de poca calidad de vida), la disciplina y fuerza de voluntad de los culturistas constituye el único antídoto real, eficaz, sin coste ni efecto secundario para erradicar ese grave problema, y en realidad muchos otros también. Un ciudadano sin voluntad ni disciplina no es alguien libre, porque será presa fácil de las modas impuestas y de la pereza.

Cualquier culturista que se entrena duro sabe perfectamente lo que las palabras voluntad y disciplina significan. Los culturistas personalizan esos rasgos cada vez que eligen acudir al gimnasio en lugar de tumbarse en el sofá con el mando de la tele en la mano, o cuando optan por hincarle el diente a otra pechuga reseca de pollo o a una insípida tortilla de claras de huevo en lugar de zamparse un suculento bocata o un pedazo de tarta.

Es evidente que eso requiere de una fuerza de voluntad de acero, porque a nadie le amarga un dulce, pero los culturistas tienen claras sus prioridades y están dotados de una enorme disciplina que han ido forjando con el tiempo de entrenamiento.

Puede que nunca lo hayáis pensado así, pero las muchas sesiones en el gimnasio no solamente fortalecen por fuera, los músculos (externamente), sino también forjan la voluntad y la disciplina (internamente).

Algunas veces es fácil olvidar que no todo el mundo posee esas características de forma innata. El hecho es que muy poca gente tiene el coraje necesario para someterse voluntariamente al esfuerzo físico de gran dureza; la prueba, de toda esa ingente cantidad de novatos que se apunta a un gimnasio, ¿cuántos perduran tres meses después?

Conocemos la respuesta. Muy pocos.

El esfuerzo es el único secreto

Todo el mundo quiere estar fuerte y esbelto, pero ¿cuántos están dispuestos a esforzarse entrenando y a realizar restricciones con su dieta?

Mucha gente no quiere tener que atravesar por este tipo de situaciones, así que les resulta más fácil evitarlas por completo que tener que abandonar a medio camino. Y de pronto deciden que no quieren convertirse en bichos raros como los culturistas (dando por sentado que si quisieran podrían hacerlo).

No hace mucho se hizo un estudio para evaluar la actividad del cerebro de distintos participantes durante la elección de diferentes tipos de alimentos.

Los investigadores eligieron dos grupos, uno estaba formado por personas que se entrenaban con pesas y el otro por sedentarios.

La mayor parte de los entrenados optaron por alimentos saludables, como ensaladas de frutas, mientras que el otro grupo eligió pasteles, pizzas y cosas por el estilo.

Los escáneres revelaron que todos los participantes usaron una parte de su cerebro llamada el cortex prefrontal ventromedial, pero solamente aquellos que se entrenaban también emplearon el cortex prefrontal dorsolateral, un pequeño bulbo de células cerebrales escondido hacia la parte posterior del cerebro.

Ahora los hombres de ciencia tienen una evidencia más de que la voluntad y la disciplina se pueden desarrollar como se hace con los músculos, ya que es obvio que los culturistas tienen un acceso más habitual de una parte del cerebro que las personas sedentarias.

¿Qué somos diferentes? Pues sí, eso parece, y lo somos por dentro y por fuera.

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