Dietas restrictivas

Aunque podría tener resultados temporales, seguir un régimen dietario restrictivo – “hacer dieta” – en realidad provoca un daño tremendo a nuestro cuerpo y salud; y casi siempre resulta en una ganancia de peso posterior que es equivalente (o mayor) que el peso perdido inicialmente; llamamos a ese fenómeno, “efecto rebote”.

Cuando te matas de hambre haciendo dieta (generalmente 1000 kcal o menos), el cuerpo responde de una forma interesante. La evolución ha creado una respuesta a la inanición que tiene por objetivo asegurar la supervivencia. Entendemos por inanición, el estado en el que predomina un déficit de energía y nutrientes; y que pone en riesgo la salud – en otras palabras es “cuando nos matamos de hambre”.

El metabolismo de una persona en estado de inanición se pone muy lento, al mínimo, para conservar energía. Esto asegurará que el cuerpo sobreviva el mayor tiempo posible. El resultado es que, incluso si la cantidad de calorías entrantes es menor, también lo será la cantidad de calorías o energía utilizada.

Por lo visto, hacer dietas restrictivas no es sostenible. Eventualmente la persona se aburrirá o cansará de restringir su alimentación y volverá a su dieta habitual – pero su metabolismo continuará “dormido”. Esto ocasionará que con mucha facilidad la energía consumida se almacene en forma de grasa; el resultado es una ganancia de peso que muy a menudo excede la pérdida de peso original.

Por otro lado, la inanición nos pone en un estado catabólico que ocasiona pérdida de masa muscular, pérdida de cabello, menor vitalidad y un aumento del cansancio y fatiga. Hay también implicaciones psicológicas, incluyendo irritabilidad y depresión.

Para alcanzar verdaderos resultados, los cambios deben producirse a largo plazo, poco a poco. Si quieres perder un poco de peso, debe ser hecho con el tiempo, mejorando y potenciando tu metabolismo (mediante, entre otras cosas, un programa de ejercicios que combine cardio y entrenamiento de fuerza) y comiendo saludablemente.

Así que olvídate de esas “dietillas” que sólo te permiten comer lechuga y agua; y comprende que las cosas se consiguen poco a poco y con dedicación. Comienza a adoptar hábitos alimentarios saludables. Te tomará algún tiempo pero los beneficios son enormes y mucho más importantes que sólo “querer” bajar de peso.

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